Colombia, país que inspira

Actualizado: 21 feb


Tomado de: onic.org.co


Es difícil precisar desde cuándo las cordilleras y las serranías, las selvas y los nevados, y los ríos y los mares de esta tierra que hoy llamamos Colombia empezaron a dejar trazos de tinta. Quizás lo mejor sería empezar por los primeros pobladores, que desde hace más de veinte mil años fueron los primeros en ver los paisajes de Colombia y plasmarlos, si bien no en la página, en la roca. Las pinturas rupestres más antiguas encontradas en la Serranía del Chiribiquete han sido bautizadas por algunos como la capilla sixtina del Amazonas.

Posteriormente, con la Invasión Española de América, los nuevos pobladores también produjeron obras de arte. En su mayoría sacerdotes, como Juan de Castellanos, que escribió Elegías de Varones Ilustres de Indias, el poema más extenso en el idioma español; así como Fernando Fernández de Valenzuela, quien escribió la primera obra dramática escrita en Colombia.


Más recientemente, autoras como Pilar Quintana y Sara Jaramillo Klinkert se han inspirado en Colombia, en sus alegrías y tragedias, para dejar algo sobre el papel. Pilar Quintana, una escritora caleña ganadora del Premio Alfaguara de Novela, ha escrito ampliamente sobre personajes que viven en el Chocó, en Cali, que viven de pescar en el Pacífico o que pasan fines de semana en fincas en el río Pance. En su novela Los Abismos, describe cómo una hija presencia la depresión de su madre, y toca fibras particulares de la idiosincrasia colombiana con respecto a la salud mental. En otra obra, La Perra, describe cómo una mujer en el pacífico lucha contra la naturaleza, la intemperie y los elementos de su entorno, así como contra una naturaleza más íntima, la de su cuerpo y su anhelo por ser madre. Sara Jaramillo Klinkert, en su obra Cómo Maté a mi Padre, describe el proceso del duelo de matar, por segunda vez, a su padre, que fue asesinado en la Medellín de los años ochenta. Describe el dolor de la pérdida, la costumbre al asesinato y a la muerte en una ciudad sumida en el narcotráfico, la resilencia de una madre viuda y cómo hoy todos miran, o se rehusan a mirar, para atrás.


El arte colombiano, desde las pinturas de los carijones hasta las más recientes escritoras, sostiene en sus páginas un espejo para todos los que se quieran ver.


Nota: La información expresada en este artículo no compromete la voluntad de la Universidad del Rosario ni del Periódico Enclaustrados.


Bibliografía:


● Castaño-Uribe, C. (2012). Algunos arquetipos del Paleoarte de Chiribiquete (Colombia) en la fase Ajajú: una aproximación arqueológica para entender el concepto de jaguaridad y la definición de una tradición cultural que se remonta al paleolítico continental. Grandes felinos de Colombia, editado por Esteban Payán y Carlos Castaño-Uribe, 4764.


● Loayza, R. A. L. (2020). Maternidades proscritas, mandatos sociales y violencia en la novela La perra, de Pilar Quintana. Estudios de literatura colombiana, (47), 151-168.


● Quishpe, G., & José, M. (2020). La monstruosidad del ser humano: narrativa de Ana Harcha, Mónica Ojeda y Pilar Quintana como un movimiento literario que desenmascara la violencia (Bachelor's thesis, Quito: UCE).



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