¿Cuál debe ser el rol de la Primera Dama/Primer Caballero?

Últimamente ha estado en furor la crítica sobre los gastos que ha llevado a cabo el ejecutivo. La razón son los viajes de Verónica Alcocer, actual Primera Dama, en los funerales de la Reina Isabel II y el Primer Ministro del país nipón Shinzō Abe.


Siempre será una pregunta el rol que debe tener la esposa/o del presidente de un país y bajo qué recursos debe llevar a cabo dichas funciones. La mayoría de los fanáticos del actual presidente legitiman los gastos destinados a la Primera Dama bajo una comparación de los gastos de sus predecesoras (María Juliana Ruíz, Tutina Rodríguez de Santos y Lina Moreno de Uribe). Sin embargo, algo que no contemplan los defensores es que la mayoría de estos gastos en funciones diplomáticas fueron en compañía de sus esposos como presidentes.


Así, surge la pregunta ¿es la Primera Dama una agente del Estado Colombiano? La respuesta en mi opinión es no. Y la fundamentaré bajo los siguientes dos argumentos: (i) la Constitución Política no le asigna funciones ni la contempla como miembro de la Rama Ejecutiva y (ii) la existencia de la figura del Vicepresidente como el agente estatal idóneo para el caso en concreto de la Primera Dama Alcocer.


La Constitución Política de 1991 regula la Rama Ejecutiva del Estado. En síntesis, esta está compuesta por dos niveles (centralizado y descentralizado), para el caso en concreto nos interesa el primer nivel, el cual este compuesto por: (i) Presidente, (ii) Vicepresidente, (iii) Ministros y (iv) Directores de Departamentos Administrativos. En ningún lugar se menciona a la pareja del presidente como un funcionario público. Es más, por fuera de la relevancia religiosa y conservadora de buena parte de la población colombiana, se puede afirmar que quien funja como Primera Dama es irrelevante para la elección de un candidato presidencial.


En el caso en concreto, la esposa del Presidente Petro fungió funciones diplomáticas en representación del Estado colombiano al viajar junto al Canciller Leyva al Reino Unido y a Japón para los mencionados funerales. En mi opinión viajes completamente innecesarios teniendo en cuenta que ni el Japón ni Reino Unido son aliados estratégicos y tradicionales de la República de Colombia. Diferente sería el caso de EE.UU o los países miembros de la Alianza Pacifico, con los cuales nuestro país si tiene estrategias en común por fuera de un simple TLC.


Además, la Primera Dama no era la persona idónea para realizar dichos viajes. Esto toda vez que contamos con la figura del Vicepresidente, a la cual la Constitución Política sí le asigna funciones en las que se podría enmarcar la representación diplomática del Estado siempre que se la encargue el Presidente de la República. Lo anterior se fundamenta en el siguiente apartado de la Carta de 1991:


"El Vicepresidente tendrá el mismo período del Presidente y lo reemplazará en sus faltas temporales o absolutas, aún en el caso de que éstas se presenten antes de su posesión. En las faltas temporales del Presidente de la República bastará con que el vicepresidente tome posesión del cargo en la primera oportunidad, para que pueda ejercerlo cuantas veces fuere necesario. En caso de falta absoluta del Presidente de la República, el Vicepresidente asumirá el cargo hasta el final del período. El Presidente de la República podrá confiar al Vicepresidente misiones o encargos especiales y designarlo en cualquier cargo de la rama ejecutiva. El Vicepresidente no podrá asumir funciones de ministro delegatario."


Por lo anterior, podemos concluir que la Vicepresidente Francia Márquez era la persona idónea para este tipo de tareas y no la Primera Dama.


Sin embargo, continúa la pregunta sobre qué funciones debería asumir la Primera Dama. Y es que no podemos permitir que esta figura solo sea una “cara bonita” que acompañe al presidente arriba y abajo y siga perpetrando micro pensamientos machistas (toda vez que en Colombia ninguna mujer a llegado a la Casa de Nariño). De igual forma, la discusión sobre la Primera Dama no puede simplificarse a cuestiones de “cuál se viste mejor” y otras discusiones que no aportan nada al país salvo a los programas de farándula. Estas discusiones simplistas las han alimentado los medios de comunicación.


Por el contrario, los EE.UU han entendido el rol de la primera dama como algo totalmente distinto a lo que ocurre en Colombia. Si uno revisa personajes como Barbara Bush, Hillary Clinton, Michelle Obama y Jill Biden, puede percatarse que estas mujeres son recordadas no por “cuál se vestía mejor” sino por el contrario por la implementación de políticas públicas en luchas como el hambre, la pobreza, la atención a la niñez, la educación y la lucha contra el racismo.


En Colombia esto no ha sido ajeno pues Primeras Damas como Tutina Rodríguez de Santos aportaron dentro de la implementación de políticas públicas en nombre de la Presidencia (no de la Vicepresidencia) en temas como la niñez, el acompañamiento a madres cabeza de hogar, políticas dirigidas a madres víctimas del conflicto armado y de tragedias naturales nacionales, etc. Sin embargo, esto no es lo que mostraba la prensa.


Es así como unos medios de comunicación con propósitos responsables de informar con otro enfoque podrían darle el protagonismo que se merecen las Primeras Damas en Colombia como ha ocurrido en Estados Unidos. Así, este gobierno no se concentraría en darle funciones irrelevantes que minimizan a la Vicepresidente y que sobre todo perjudican las finanzas públicas provenientes del dinero de los ciudadanos.

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