El abandono del privilegio, el camino hacia la representación

Actualizado: oct 28

¿Se logrará que las metas personales y egoístas den paso al pilar fundamental de la democracia, la meritocracia? ¿O solo habrá una ilusión vacía de estudiantes que aspiran tener una facultad cuyos beneficios le sean otorgados a los más disciplinados y merecedores?

¿Será posible hallar una generación del Consejo que se atreva a privarse de sus convenientes privilegios? O, por el contrario, ¿se seguirá repitiendo la historia de valores estudiantil aplicados solo en campaña?


Las anteriores son cuestiones que ciertamente preocupan a gran parte del estudiantado, pues hay un fiel reflejo de realidad nacional, donde hay un acceso de ciertos privilegios por parte de los elegidos, por el simple hecho de ostentar un determinado cargo. Y en principio, esos beneficios deberían ser usados para beneficiar a prima facie a quien se llegó a representar.


Son preguntas y dilemas que pocas veces se plantean a la hora de encabezar una lista y formular un plan de gestión en busca de puestos en el Consejo de la Facultad de Jurisprudencia. Como bien todos sabemos ¿Quién perdería la oportunidad de llegar al Consejo sabiendo que la posibilidad de ser Colegial, aumentan desproporcionadamente frente a estudiantes ordinarios de la Facultad, por los contactos y relaciones que se puedan tejer con los directivos, directores o profesores de la Facultad? O de igual forma, ¿Quién rechazaría ser miembro de la Junta Directiva para lograr inscribir en tiempos predilectos, en comparación de la gran mayoría que carece de la oportunidad de acomodar su horario de forma tranquila?


Fotografía tomada por: Ana Torres


Esta falta de examen y crítica en torno a los beneficios que otorga el ser miembro de este órgano y que rara vez se cuestionan, han llevado a este mismo a ser una entidad de figuración y privilegios más que un Consejo de Representación Estudiantil -al menos desde la óptica desde un estudiante que observa de forma crítica tales circunstancias-. De llevar largos semestres en una eterna desconfianza y recelo frente al Consejo y los miembros que año tras año la conforman, sobre todo en lo que concierne a la Facultad de Jurisprudencia.


De sentir en cada periodo de elecciones más de lo mismo y no sentir un futuro Consejo que siembre las bases para redimir y soldar la deuda que tiene con su estudiantado. De intentar acabar con la distancia que generó los privilegios de ser miembro de este grupo frente al resto de integrantes de la Facultad.


Es así como los nuevos candidatos que aspiran al Consejo de la Facultad de Jurisprudencia como representantes de su semestre, por iniciativa propia deberían revaluar las actitudes, palabras y acciones que se han legitimado al interior del órgano: las de callar y desentenderse frente al beneficio académico que se les da a algunos por estar en la Junta Directiva. O que por otro lado y aunque sea un secreto a voces, el acceder a derechos estudiantiles como el doble calificador, la insistencia para la calificación de un parcial, una queja frente a determinado profesor, algún trámite administrativo en Casa UR, el acceso a determinada información que principio es pública, pero al momento de pedirla se dilata su entrega, etc., se vuelve más expedito, efectivo y realizable si es miembro del Consejo, ya sea como vocal o representante.


No veo un futuro provisorio en la legitimidad de esta institución, si se premia a unos miembros en una inscripción de materias privilegiada por su simple calidad y condición de miembro de Junta Directiva. Cuando en principio tales beneficios deberían ser otorgados a los que a lo largo del semestre y carrera han demostrado con su promedio y disciplina los frutos del estudio sembrado con trasnocho y perseverancia. Dado que, si se aspiró al Consejo con la convicción de servir y apoyar al estudiante -al menos es lo que siempre se predica en épocas electorales- es porque no se persigue un beneficio académico, por lo que se asume entonces la responsabilidad de un trabajo pesado, lo que no opta entonces para que se pretendan dar estos beneficios, si se asumió desde un principio las consecuencias de un cargo de este tipo.


Más que una crítica debe verse como un llamado de atención para superar los propósitos individuales y empezar a pensar como un colectivo. De ser conscientes que los mismos actos que criticamos de la política tradicional colombiana como de los cargos de representación del Estado, los hemos replicados en este Claustro Mayor.


Por ello, en estas nuevas elecciones seamos conscientes que la única forma de lograr un cambio en el Consejo que tanto criticamos año tras año, no es sólo el voto, sino la crítica constructiva como del replanteamiento de las actuaciones de los nuevos miembros que salgan elegidos para la Facultad de Jurisprudencia.


Para que en unos años podamos decir con orgullo: “Yo, me siento representado por mi Consejo Estudiantil y no opacado”.


Nota: La información expresada en este artículo no compromete la voluntad de la Universidad del Rosario ni del Periódico Enclaustrados.

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