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El clasismo detrás de las drogas.


Según el Observatorio de Drogas de Colombia (ODC) el 78% de los consumidores de las denominadas "drogas duras" comenzó como habitual consumidor de marihuana antes de los 18 años.

El tema de las drogas o sustancias reguladas en el país siempre ha suscitado un debate inmenso, pues se considera que estar en contra es ser un conservador ciego, enclavado en estigmas. Mientras que, estar a favor es ser cool, estar a la moda, ser de nuevas generaciones.


El problema ocurre cuando el debate solamente se queda en estos dos extremos y no se ve desde lo que son: sustancias ilegales, que alteran el sistema nervioso central y que, desde los 50, son vendidas como los condimentos necesarios para "ser feliz", "estar bien" u "olvidarse de todo".


Según cifras de la oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito a 2020 había, alrededor de, 284 millones de personas adictas a alguna sustancia ilegal o regulada. Un problema que crece con gran fuerza en países latinoamericanos y africanos que tienen unos índices de desarrollo mucho menores a los que se presentan en Estados Unidos o Europa. Además, se estima que cerca del 65% de las personas que entran a centros de rehabilitación en Colombia, viven o han vivido en la calle o vienen de contextos marginados. Sin embargo, últimamente desde un cierto sector de la sociedad se ha venido hablando de que lo que se debe hacer es una regulación total de las drogas.


Pues, es fácil hablar de esto cuando te las financias gracias a la plata de alguien de la familia, o de un trabajo bien pagado pues estás en una alta esfera de la sociedad. Es fácil decir que lo que se tienen que hacer es regularse, cuando puedes acudir a campañas psicológicas o con tu terapeuta. Es más sencillo cuando un gramo, dos, tres, o cinco de cocaína, 'tusi' o cualquier otra droga sintética te queda al alcance de sacar de la billetera algún par de billetes y comprarlo en una fiesta para compartirlo con tus amigos.


Pero el colombiano debe entender que el problema de las drogas ocurre en los barrios más populares, ocurre cuando comprando esos gramos de cocaína o cualquier otra sustancia, se está financiando un aparato completo de violencia, masacres, violaciones y una gran cantidad de personas en la clandestinidad. Se debe entender el problema de las regiones, lugares enclavados como zonas rojas en donde lo único posible para cultivar es la mata de coca puesto que las organizaciones ilegales deben "cumplir" una cantidad absurda de demanda, engrosando sus bolsillos y poniendo como carne de cañón a un montón de personas necesitadas, que utilizan como "mulas".


Es fácil hablar de "soluciones" cuando no se ha ido a un centro de rehabilitación o cárceles a hablar con las madres de personas afectadas que cuentan cómo sus hijos han robado, buscaron matar a alguien, o cometieron un sin fin de delitos.

Fácil hablar de drogas viviendo en Bogotá o Medellín, en un barrio estrato 6 y consumiendo marihuana de forma regular. Incluso hasta de buena calidad. Ahora, ¿qué tal si cambiamos el panorama a comprarle a un jíbaro a la medianoche en un barrio del sur de Bogotá o del norte de Cali?


Son las comunidades pobres las que más sufren el problema de las drogas, pero de forma irónica son las menos escuchadas porque final en Colombia, al parecer, hay que sentirnos orgullosos de engrandecer a las mafias.

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