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En agosto nos vemos: un último esfuerzo

Las mariposas amarillas junto a Macondo, el pueblo del realismo mágico; volvieron a mi memoria en estos días, es inevitable recordar ese sentimiento, nostálgico si se quiere, de volver a tener a Gabo con nosotros, de que no nos quedamos condenados a no tener una segunda oportunidad para leer un relato de uno de los más grandes artífices de la literatura Latinoamericana. En nuestra tierra de realismo mágico llena de milagros, pudimos volver a deleitarnos con esa bella prosa y delicadeza con la que escribía Gabo, la vida nos da una oportunidad de volver a conectar con nuestra memoria, sentir a esa poderosa pluma, así sea un instante siquiera, más viva que nunca, eso es la novela inédita En Agosto nos vemos.


Este escrito que fue lanzado el pasado 6 de marzo, fecha del que habría sido el cumpleaños 97 de Gabo, ha despertado múltiples críticas, más negativas que positivas hay que decir. El texto se desarrolla en su inconfundible y fascinante estilo, cuenta la historia de Ana Magdalena Bach quien cada mes de agosto toma el transbordador hasta la isla donde está enterrada su madre para visitar su tumba. Dichos viajes acaban cambiando para siempre la vida de la protagonista, cuando cae la noche Ana Magdalena no es la misma. Si bien la historia no es de las grandes obras del autor creo que el tiempo nos dirá si fue buena o mala, si le hace falta más madurez o no, pero lo único cierto, es que este maravilloso regalo que nos dejó García Márquez es una historia fascinante y que por lo menos deberíamos disfrutar, pero también conectar con lo que hay detrás de ella.


En ‘Agosto nos vemos’ es quizás, una paradoja de lo que fueron los últimos años de la vida de Gabo quien poco a poco se nos iba apagando. En el caso de García Márquez, según dice un artículo del New York Times, la solicitud se la hizo a su hijo, Gonzalo García Barcha: “Me dijo directamente que había que destruir la novela”. La crítica ha sido fuerte frente a esta novela, no obstante, quiero proponer un paralelo distinto. Este escrito, o por lo menos es un intento, de un reflejo de esa peste llamada Alzheimer que estaba impregnada en la mente del autor.


Desde un análisis meramente literario me parece que la obra le falta, personajes desdibujados, los diálogos carecen de “carne”, le falta mucho, aunque en los primeros capítulos encontramos ese tono garciamarqueano que trae su realismo mágico, pero se disipa conforme pasamos las páginas. Este libro es la prueba irrefutable de cómo fue poco a poco carcomiendo la mente de Gabo, su enfermedad que lo condenó, paradójicamente a no tener una segunda oportunidad para escribir una obra a su altura o como siempre lo hacía. El problema que le encuentro a esta narrativa, es que este libro nos lleva a esa imagen de un Gabo anciano y enfermo que está haciendo el último esfuerzo, pero que simplemente no puede más, que se apagó la pluma.


Por eso la invitación es a que dejemos a un lado tanta disputa literaria, y disfrutemos esta obra desde ese mensaje que nos muestra a ese Gabo como poco a poco lo fuimos perdiendo. Leamos este escrito de un hombre encerrado en su mente confundido, lleno de olvidos y enmarañado. Es ver que hizo todo lo posible por terminarla, lo logró, pero no es lo mejor que pudo hacer, esto para mi me basta y me sobra es una forma de darle cierre a Gabriel García Márquez. Este fue el último esfuerzo de un gigante literario por mantenerse de pie luchando, de sentirse un poquito más vivo y activo.

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