Las garantías del derecho penal, el absurdo enemigo de la voluntad popular.



Y es que el uso del poder punitivo del Estado tiene como límite la justicia. Una justicia que permea a la sociedad por medio de su instrumento principal, el derecho. El ius o derecho, proveniente del latín, debe servir a los intereses de estaanhelada iustitia. De aquella quimera inalcanzable al cual se aspira pero que muy pocas veces corresponde al ser de las cosas y a la naturaleza humana.


Aquel Ius Puniendi como ejercicio legítimo del Estado para mantener la armonía, orden y sobre todo la justicia, nopuede ni debe esgrimirse en función de los intereses de una sociedad corrompida. No puede valer su legitimidad con ocasión de los deseos del pueblo, por lo que es apenas lógico que no pueda ni deba ocuparse de los deseos vengativos deuna comunidad, pues es casi tan absurdo como pedirle peras a un olmo.


Si el derecho penal está al servicio de la justicia y al deber ser de las cosas, es contra natura querer desprender de este poder punitivo una función vengativa, en tanto, de la justicia se deriva el bien y de la venganza la perversión humana guiada por los deseos. No puede entonces que un instrumento de la justicia ejerza como herramienta opresiva, si su propia naturaleza es limitar la capacidad vengativa de las personas en un cuerpo normativo que garantice el bienestar general.


Es ilógico desprender del bien el mal, como querer pedirle al derecho penal cosas para las que no está hecho. Porque lahumanidad evolucionó y creyó conveniente crear una estructura más grande que ellos, que lograse garantizar la seguridad a cambio de que cada individuo otorgara a este, la función y legitimidad de hacer justicia. De acabar con una ley del talión que simplemente transgredía la esencia humana y que nos diferencia de cualquier otro animal,“Sophrosine” llamarían los estoicos, el triunfo de la razón sobre las pasiones carnales. Porque nada mejor que colectivizar este Ius Puniendi en una sola persona jurídica y no dispersada en cada individuo que terminase degradando la justiciaen actos vengativos.


Por ello y entendiendo el derecho penal como herramienta para limitar el poder de castigar del Estado sobre losindividuos que hacen parte de este. Es fundamental asimilar que, para el mantenimiento de un Estado Nación democrático, justo y garantista debe arrancarse de la sociedad la triste idea de que el poder punitivo es una herramienta en función de la opresión y deseos de la gente por ver sufrir a un congénere de la misma forma en que él lo hizo sufrir.Porque allí la justicia como la conocemos se transforma en venganza y odio, cual Código Hammurabi que perpetua laviolencia y el caos. Porque allí, las instituciones que hoy existen en los Estado liberales que proclaman la libertad personal y que tanto costaron alcanzar en un pasado, se destruyen por la complacencia del Derecho a los intereses de una población cada vez más miserable como consecuencia de sus decisiones.


Si no somos capaces de limitar el poder estatal en su derecho a castigar usando el derecho penal, no abra un solo individuo que no haya sido víctima del gran Leviatán que siglos atrás ya advertía Hobbes. Y con gran tristeza volveremos aquellos tiempos monárquicos donde la libertad individual y el respeto por la humanidad se percibían como un delirio.


Porque gracias a esa visión de usar el derecho penal como herramienta opresiva e instrumento de la venganza y no la justicia, seguiremos viendo seres humanos desechados de lo que hacemos llamar sociedad civilizada, personas olvidadas en centros de reclusión que parecen más cementerios qué lugares de resocialización. Continuaremos viendo que la criminalidad aumenta y que la represión de la libertad personal se materializará en colapsos judiciales, como dela incapacidad del Estado en garantizar el orden. Aumentarán las políticas legislativas que adelanten las barreras del derecho penal para castigar conductas que en principio advertíamos que no le corresponden.


Por lo que la sociedad terminará abandonando un sistema creado al servicio de la justicia que controlaba la venganza, con ocasión de abusar de una herramienta diseñada para limitar la opresión hacia el ser humano.


Prescindiendo de cualquier práctica racional distintiva de un Estado moderno, y arrastrándonos nuevamente aregímenes totalitarios que amenacen con la vida misma.


Ya que ley no es opresión de la libertad sino garantía de ella, pero que podremos hacer si ciertamente para la sociedad “Tales derechos cuyo goce ideal la ley les reconoce, y cuyo ejerció real les niega la necesidad, no son para ellos otra cosa que una amarga agonía del destino. Os digo que un día el pueblo comenzará a odiarlos y él mismo se encargará dedestruirlos, para entregarse al despotismo” (Maurice Jolie).


Y diremos con gran tristeza que el absurdo de sus deseos los condenó a sufrir en demasía los excesos de un sistema queellos mismos sentenciaron al fracaso.


Nota: La información expresada en este artículo no compromete la voluntad de la Universidad del Rosario ni del Periódico Enclaustrados.



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