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Moneda común sudamericana: un proyecto para el que aún no estamos listos (y quizá nunca lo estemos).


Fotografia tomada de: dw.com


La búsqueda de una moneda común sudamericana ya tiene bastante tiempo. Hace unos 15 años, en la época de la UNASUR y la primera ola progresista, Hugo Chávez lanzó una unidad de cambio conocida como el “Sucre”, que tenía validez en algunos países como Venezuela o Ecuador, pero en ningún sentido reemplazaba las monedas oficiales de dichos países; y ahora, en medio de una nueva alineación ideológica, la idea ha sido presentada por el presidente Petro en su posesión, y más recientemente Lula da Silva de Brasil y Alberto Fernández de Argentina presentaron la iniciativa del “Sur”, que tendría como objetivo facilitar los intercambios en el cono sur, pero con la posibilidad de que toda la región lo adopte. Pero más allá de la “hermandad latina”, adoptar una moneda común para el continente puede suponer una equivocación macroeconómica de una magnitud pocas veces vista. El siguiente artículo expondrá los riesgos de adoptar un hipotético “Sur” utilizando elementos básicos de la teoría monetaria y haciendo un estudio de caso de la unión monetaria más grande del planeta: el Euro.

Antes de adentrarnos en los elementos más técnicos, hay una realidad que muchas veces se ignora, y es que la adopción de una moneda común no es un medio, o un objetivo siquiera: es una consecuencia. ¿Qué significa esto? Que un proyecto de unión monetaria es el resultado natural de un proceso de integración amplio y no una iniciativa funcional por si sola. Antes de adoptar el Euro, Europa recorrió un largo camino de integración que incluyó una unión aduanera, una zona de libre comercio, y más allá de la economía también se habían construido instituciones políticas; de esta manera, cuando el Euro entró en operaciones en 1999, este solo supuso un instrumento al servicio de una estructura mucho más amplia y consolidada. Suramérica, por otro lado, se encuentra muy rezagado en lo que a integración regional se refiere. La alianza del pacifico, conformada por Colombia, Chile, Perú, y México, ha dado pasos en apertura comercial e incluso es cada vez más real la unión de bolsas, pero aún falta un largo camino por recorrer en vínculos tanto económicos como políticos; y el Mercosur, el bloque comercial conformado por Argentina, Brasil, Uruguay, y Venezuela (este último suspendido), se considera que lleva mucho tiempo ya en “muerte cerebral”, un diagnostico muy acertado si se tiene en cuenta que los cuatro países se encuentran entre los más proteccionistas de la región, incluso entre ellos mismos. El punto es que la región no se encuentra lo suficientemente integrada ni cuenta con instituciones que demanden la creación de una moneda común; simplemente no hay necesidad y hasta puede ser un inconveniente más que algo que facilite los intercambios.

Ahora, respecto al apartado de la política monetaria que la “Sur-zona” tendría, aquí es cuando comienzan los verdaderos problemas. Un requisito vital para conformar una unión monetaria es que los países tengan sus índices relativos a la moneda bajo control, es decir, una inflación baja y un tipo de cambio estable. La Unión Europea exige que los países candidatos a unirse al Euro tengan una tasa de inflación no superior al 1.5% respecto a los tres países con mejor desempeño, y que adopten un tipo de cambio libre para demostrar que su economía puede funcionar sin manipular la moneda. En cambio, Sudamérica parece ir en contra de todas estas reglas; la inflación alta es algo común en la región, como lo evidencian las múltiples crisis de hiperinflación que sucedieron el siglo pasado o la dificultad para salir de la espiral actual, pero los casos más preocupantes actualmente tienen nombre y apellido: Venezuela y Argentina, con tasas de inflación del 537.7% y 99% respectivamente, lo que los coloca en el podio de las inflaciones más altas de todo el mundo. Además, las tasas de cambio no son para nada favorables; nuestra propia moneda se ha devaluado bastante en los últimos meses, siendo superada únicamente por, justamente, el peso argentino, y tampoco es como si el resto de la región se encuentre en una posición fuerte; y para añadir combustible a las llamas, los controles cambiarios son una política que los gobiernos sudamericanos suelen adoptar cuando la devaluación ya llega a un punto muy alto, a pesar de que la evidencia demuestre que no funcionan. Si en este momento el continente se uniera bajo una sola moneda, el hipotético “Sur” se devaluaría al instante, y la inflación cercana a los tres dígitos ya no sería un problema de Venezuela y Argentina, sino de toda Sudamérica, ya que, al estar unidos bajo una misma moneda, los problemas monetarios de cualquier miembro se contagian al resto de la zona de operación de la divisa; y conociendo el historial de los políticos latinoamericanos, a quienes no les importa la estabilidad a largo plazo sino “encender la impresora de billetes” para financiar su gasto, no sería de extrañar que mantener el poder adquisitivo del “Sur” no estuviera en sus prioridades.

No obstante, la política monetaria no es la única variable macroeconómica que importa al unirse bajo una sola moneda; en general, la situación económica de los países miembro tiene que ser estable y las cuentas públicas deben estar saneadas. Ese ha sido, por ejemplo, el gran error de la Unión Europea: aceptar países que, a pesar de mantener la política monetaria bajo control, tienen niveles de deuda y gasto insostenibles, un error que pasó factura en 2012, cuando los países del sur de Europa como Grecia, España, o Italia, estuvieron a punto de quebrar como consecuencia de la crisis financiera desatada en Estados Unidos; los países “ricos” y estables de la unión como Alemania o los Países Bajos, en conjunto con el Banco Central Europeo (BCE), tuvieron que rescatar a Grecia girándole prestamos por más de 100 mil millones de euros en varias tandas, ya que existía el temor de que si Grecia se quebraba, se correría un efecto contagio hacia el resto del sur de Europa y más adelante a toda la unión, teniendo como consecuencia el fin del Euro y una crisis económica severa en todo el continente. Ahora, más de 10 años después, el riesgo de quiebra vuelve por cuenta de la alta deuda y gasto del sur de Europa, con la diferencia de que ahora los “ricos” y estables también están endeudados, y con un BCE que no está dispuesto a comprar más deuda española, griega, o italiana.

Si extrapoláramos la crisis de la eurozona a la hipotética “Sur-zona”, nos encontraríamos con un escenario mucho peor, en el que los países con desequilibrios macroeconómicos están aún peor que el sur de Europa, y los países “estables” no lo son tanto. Consecuentemente, si por ejemplo Argentina se quebrara (algo que ya ha pasado muchas veces), ni Brasil, ni Colombia, ni Chile, ni ninguna otra economía sería capaz de rescatarla, por lo que el efecto contagio si sucedería en nuestro caso; el sistema financiero sudamericano colapsaría al no recibir el pago de los títulos valor que tenían de los gobiernos, el “Sur” perdería todo su valor, ya que nadie confiaría en la moneda utilizada por un conjunto de gobiernos quebrados, y Sudamérica entraría en una larga y dura recesión en la que el desempleo y la baja actividad serían la regla. Todo por compartir moneda con una economía de por si disfuncional.

Adicionalmente, hay otro factor a tener en cuenta: la confianza. En últimas, el valor de una moneda dependerá de que tanto confíe el público en ella y en su banco central. Ben Bernanke, “governor” de la Reserva Federal de los Estados Unidos durante la gran crisis de 2008, una vez reconoció que el rescate al sistema financiero mundial funcionó porque la gente sabía que no era una política irresponsable, sino una medida de emergencia para prevenir el colapso total del sistema. En cambio, es muy probable que el “Sur” no tenga la confianza ni de los ciudadanos que conocen las malas prácticas de sus instituciones ni de los inversionistas internacionales que miran con cautela la inestable situación de macroeconómica de la región.

Para finalizar este artículo, me gustaría compartir una curiosidad económica que también puede servir como reflexión: en los modelos que se utilizan para explicar el crecimiento en el largo plazo, uno de los supuestos es que los precios son constantes. Esta particularidad teórica, que puede parecer una variable omitida del modelo, en realidad guarda una seria advertencia para todo aquel que quiera dirigir la política económica de un país: si se quiere conseguir un crecimiento y estabilidad en el largo plazo, mantener la inflación bajo control es una condición vital e innegociable.




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· VisualEconomik. (2022, 9 junio). ¿Se ACERCA el FIN del EURO? - VisualEconomik [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=KxqcTd2nBcU


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