¿Petro está destruyendo la moneda colombiana?

“¡Por culpa de Petro la moneda está devaluada! Así empezó Venezuela.” —dice uno.

“¡No sea bobo! La moneda está en ese valor debido a factores externos”-—le responde el otro. Con este diálogo se puede resumir la mayoría de las discusiones que existen en los hogares y entornos sociales cuando se habla de la influencia del gobierno en la economía actual. La realidad es que, la mayoría de veces, ambos interlocutores no conocen a plenitud cuáles son todas las circunstancias que llevan a que el dólar haya llegado a un valor de 5.000 pesos colombianos. Considero que ambas posturas parten de premisas verdaderas, pero las extralimitan hasta querer mostrarlas como si fueran mutuamente excluyentes. Si alguna persona quiere convencerle de que la culpa la tiene exclusivamente Petro, o que esto se debe solo a los “factores externos”, esa persona está completamente equivocada y motivada por un sesgo político. En este escrito voy a explicar los fenómenos políticos y económicos que nos han llevado a este punto de crisis cambiaria, donde todavía todo es incierto.

Empecemos explicando lo que muchas personas enojadas en Twitter han denominado “factores externos”, que es una manera muy reduccionista de describir los fenómenos económicos internacionales. “Es que nos enfrentamos ante una recesión global”. Sí, pero la pregunta que voy a responder, y que casi no se explica, es ¿por qué la recesión tiene que afectar necesariamente el valor de nuestra moneda nacional? En el momento en que hay una recesión mundial, la actividad económica de los países decrece por un periodo de tiempo. En esta etapa, los gobiernos deben implementar medidas de inyección de dinero en la economía para que vuelva a aumentar el consumo y la producción de bienes y servicios. Aquí es donde entra un nuevo personaje al juego: el mercado financiero. Hay que recordar que el mercado financiero se rige bajo las mismas dinámicas que cualquier otro mercado, donde los actores toman decisiones de acuerdo con su propio interés. Los inversores saben que los gobiernos van a inyectar grandes cantidades de dinero para salir de la recesión y, por lo tanto, generará efectos inflacionarios a mediano plazo. En consecuencia, son más prevenidos al momento de invertir. Estos inversores mueven su capital a la moneda más fuerte: el dólar, que tiene una menor volatilidad y riesgo, debido a la estabilidad que tuvo en la postpandemia. La proyección a futuro de una alta inflación, debido a las medidas gubernamentales, es la razón por la cual el dólar es la divisa de preferencia por los inversores y fortalece su valor.

La economía de Europa se vino abajo después de la guerra de Rusia y Ucrania, donde el precio de la energía ha alcanzado niveles muy altos. Por otro lado, Japón se encuentra en una crisis de exportaciones, debido a la baja demanda global de bienes manufacturados. China está al borde de no poder controlar las secuelas del COVID 19 y se enfrenta ante problemas de burbujas económicas (Forbes, 2022). Todo esto hace que el país más seguro para guardar el dinero sea la economía estadounidense. Al ser la mejor alternativa, de manera comparativa, se desvalorizan otras monedas porque el mercado financiero no quiere invertir en ellas. El dinero de los inversores va a EE.UU. en busca de una mayor rentabilidad.

Este debería ser el fin de la historia, pero lastimosamente es tan solo la mitad. Ahora entraremos en el territorio más polémico de esta situación: la influencia que tiene el gobierno local en la desvalorización del peso colombiano. Podría yo argumentar que el precio del dólar solo depende de los fenómenos internacionales, como lo han hecho muchas personas, pero estaría mintiendo fervientemente. ¿Cómo sabemos que los fenómenos domésticos tienen un impacto en esta crisis? La respuesta es simple: observe el valor de las demás monedas latinoamericanas. Si la recesión global y el alza de las tasas de interés en EE. UU. fueran los únicos fenómenos que afectan el valor de la divisa nacional, entonces no habría una gran diferencia en la variación cambiaria del peso colombiano con otras monedas de Latinoamérica. Nótese cómo el peso uruguayo, la moneda brasileña y el sol peruano se han fortalecido en los últimos meses, a pesar de que tienen economías semejantes a la colombiana (La República, 2022). Incluso las monedas más devaluadas de la región, como el peso chileno, no han llegado al récord histórico negativo de Colombia. Actualmente, Colombia es la segunda moneda más devaluada de Latinoamérica, después de Argentina (La Silla Vacía, 2022).

Lo que ha hecho el gobierno nacional, para generar tal efecto en la moneda, es tener terribles estrategias de comunicación. Parece ser que Gustavo Petro ha estado jugando al “teléfono roto” con los miembros de su gabinete. Por ejemplo, Petro en su cuenta de Twitter había propuesto un impuesto al dinero que entra a la economía del país, por un corto periodo de tiempo, y vuelve a salir (estas inversiones se llaman “capitales golondrina”), pero el ministro Ocampo tuvo que aclarar que esto no iba a ocurrir. ¿Cuál es el resultado de este “tira y afloja”? Que los inversores no tienen una certeza plena sobre la dirección de la economía nacional y, por lo tanto, de los cambios que pueda experimentar su dinero en el futuro. Es decir, esta ausencia de un mensaje uniforme del gobierno Petro perjudica la capacidad de los particulares de planificar un portafolio de inversiones que sea rentable. Por lo anterior, optan por un comportamiento precavido y no inyectan grandes cantidades de dinero en la economía.

Además, el proceso de la reforma tributaria también ha generado nerviosismo en el mercado. El presidente tiene que cumplir con varios proyectos sociales que prometió en su campaña. El éxito de esos proyectos sociales y la reducción del déficit fiscal que tiene Colombia, son determinantes para crear una buena imagen del país y ser atractivo para los inversores. El problema es este: durante la campaña, Petro prometió que la reforma tributaria iba a ser de 50 billones de pesos, en donde una mitad iba a ser destinada a reducir la deuda pública y la otra mitad para financiar sus proyectos sociales. Actualmente, la reforma tributaria ha sido aprobada con un presupuesto de tan solo 20 billones de pesos. Esto significa que el gobierno no puede financiar todos sus planes estructurales o, de hacerlo, tendría que sacrificar la posibilidad de aliviar la deuda pública y eso generaría efectos negativos a largo plazo. Así que esa inestabilidad fiscal también ha sido determinante para que los inversionistas no tengan certeza de intervenir en el mercado colombiano. El país tiene una deuda pública equivalente al 60% del PIB, de acuerdo con el último informe del Ministerio de Hacienda. Esto genera miedo, porque en cualquier momento será necesario que el gobierno obtenga mayores cantidades de dinero para pagar esa deuda y los inversores no quieren ser objeto de esa imposición de impuestos.

Por último, el factor que ha sido más resonante en todos los medios de comunicación es la gestión de los hidrocarburos. Desde la campaña presidencial, Petro ha abanderado el objetivo ambientalista de hacer a Colombia un país independiente del petróleo. Mucha desinformación, por parte de los sectores contradictores, creó la narrativa de que Petro iba a dejar de extraer petróleo desde el día uno. Sin embargo, la realidad es que el plan del Pacto Histórico era seguir manteniendo la explotación petrolera, pero iba a dejar de adjudicar contratos de exploración (es decir, contratos para buscar nuevos pozos petroleros). Esto limita la explotación de petróleo por unos cuantos años mientras se agotan las reservas en los sectores ya explorados. Es aquí donde las reacciones del mercado financiero vuelven a jugar en contra. Los inversores pueden invertir en el negocio de los hidrocarburos y obtendrían ganancias a corto plazo, ya que la demanda de petróleo a nivel mundial es muy alta. Sin embargo, a largo plazo esta inversión se perdería debido al agotamiento de estos pozos petroleros. Es una razón más para que el capital internacional no decida entrar en la economía colombiana.

En conclusión, el valor del dólar depende de circunstancias internacionales y domésticas. No hay manera precisa de establecer cuál de los dos factores trae la mayor contribución a esta alza del precio. El Banco de Bogotá concluyó que las circunstancias locales hicieron que el precio del dólar aumente entre $250 y $300 pesos más de lo esperado. Sin embargo, como todo en la economía, los valores siempre tienen un margen de error. Lo que sí podemos establecer, es que es necesario que el gobierno nacional busque la manera de generar una confianza en el mercado a través de una comunicación de políticas que sea previamente consultada por varios sectores interesados del país.

Bibliografía


Echeverry, M.J. (21 de octubre de 2022). El peso no es la moneda más devaluada, pero si la segunda de la región. La Silla Vacía. Recuperado de https://www.lasillavacia.com/historias/silla-nacional/detector-el-peso-no-es-la-moneda-mas-devaluada-pero-si-la-segunda-de-la-region/


Tepper, T. (3 de noviembre de 2022). ¿Por qué el dólar estadounidense es tan fuerte en este momento?. Forbes. Recuperado de https://www.forbes.com/advisor/investing/strong-dollar/#:~:text=The%20U.S.%20dollar%20is%20strengthening,at%20the%20November%20FOMC%20meeting.


Vargas, N. (13 de agosto de 2022). Conozca las monedas de América Latina que más se han revaluado frente al dólar. La Republica. Recuperado de https://www.larepublica.co/globoeconomia/conozca-las-monedas-de-america-latina-que-mas-se-han-revaluado-frente-al-dolar-3424546


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