Plan para vacaciones: Visitar los páramos


Recientemente tuve la fortuna de conocer uno de los páramos de nuestra biodiversa Colombia: el Páramo de Ocetá. Ubicado en las inmediaciones de cuatro municipios del departamento de Boyacá, este ecosistema cuenta con 49.793 hectáreas y alberga una gran diversidad de fauna y flora. Bajo la actual amenaza de la minería, la ganadería, la agricultura y el cambio climático, la supervivencia de estas fuentes hídricas está en entredicho; y es tarea de todos los colombianos, proteger este bioma.


¿Cómo llegar al Páramo de Ocetá?


Ubicado a 240 kilómetros de Bogotá, se encuentra el municipio de Monguí, en Boyacá. Este pueblo, catalogado Patrimonio Cultural de Colombia, representa la cultura tradicional boyacense, donde sus habitantes deambulan por las frías calles cubiertos por sus ruanas y los artesanos exponen en todas las esquinas sus productos. Si bien su arquitectura colonial resalta a la vista de los turistas, el principal atractivo de este municipio es el tesoro que se esconde detrás de sus montañas: el Páramo de Ocetá.


Para vivir toda la experiencia, se recomienda dormir una noche en Monguí, para tener la oportunidad de explorar su gente y sus calles; y tener el tiempo suficiente para subir al páramo. Una vez en Monguí, será necesario madrugar para lograr la travesía de una caminata de 15 kilómetros que tomará cerca de siete horas. Actualmente, se encuentra prohibido ingresar al páramo sin un guía certificado, por lo que este te estará esperando en la plaza del municipio a las 8 de la mañana para arrancar.


Foto por: Pedro Montaño


Un paraíso a 3800 metros de altitud


Los primeros 20 minutos del trayecto serán en una camioneta que te sacará del casco urbano de Monguí y te dejará cerca a la entrada del páramo. De ahí en adelante, será una marcha ardua, llena de pantano, que cada vez se ira poniendo más fría. A medida que se sube, se puede ir viendo como el ecosistema va cambiando, de bosque andino a subpáramo, y de subpáramo a páramo. Si tienes surte, a medida que caminas te podrás encontrar con la fauna única de este lugar: el venado, el águila de páramo, y el pato andino.


De igual forma, es importante resaltar que este lugar era territorio sagrado para los muiscas, los primigenios habitantes del altiplano cundiboyacense. Se dice que la palabra Ocetá significa “hogar del sol” en su lengua chibcha, por lo alto que se encuentra y lo fuerte que se siente en días de verano. Si se presta atención, se podrá ver como aún se logran vislumbrar algunas pinturas rupestres en piedras y monolitos de los indígenas que pasaban por ahí, para dirigirse al oriente, al actual departamento del Casanare.


Luego de caminar por casi cuatro horas, llegarás a la cima de este páramo, donde se podrá ver el paisaje en su totalidad. Verás una infinidad de frailejones, la planta representativa del páramo y la encargada de retener el agua que aportan estos ecosistemas; cascadas de agua cristalina y otras especies únicas de flora que hacen que el Páramo de Ocetá sea considerado como el más bonito del mundo, según la revista Lonely Planet. Aquí podrás quedarte un buen rato para tomar fotos, recostarte y respirar aire puro. Una vez estés dispuesto a seguir caminando, emprenderán la bajada hacia Monguí otra vez y se logrará ver una vez más el cambio de los pisos térmicos.


Turismo sostenible


La Organización Mundial del Turismo (OMT) considera que una de las formas esenciales para desarrollar el turismo es “dándole un uso óptimo a los recursos medioambientales”. Para lograr esto se necesita conservar los procesos ecológicos fundamentales y contribuir a mantener la diversidad biológica y los recursos naturales. Una forma de lograr este cometido es con un turismo que no solo sea autosostenible, sino que genere consciencia de aquello que debemos velar para que se proteja. Actualmente, los páramos se están viendo amenazados particularmente por la ganadería extensiva y la agricultura. Si bien se han logrado avances en materia de protección de páramos a nivel legislativo, el riesgo es aún latente y quizá solo a través de una sensibilización personal, podemos entender el papel tan importante que juegan estos ecosistemas en nosotros. Así que la invitación es a conocer estos lugares que tiene nuestro país para ofrecernos, de modo que sean cada vez más los que defienden este bioma.


Nota: La información expresada en este artículo no compromete la voluntad de la Universidad del Rosario ni del Periódico Enclaustrados.

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