¿Qué hay dentro?

El sol y la luna han sido testigos de las más grandes revelaciones de amor hasta atrocidades impensables; pero siempre presentes, como un testigo más. Estos dos astros han representado divinidades y han sido usados en profecías, pero también son espectador constante de cada una de nuestras decisiones. Pero dichas decisiones son individuales y nacen como respuestas a situaciones, es por esto por lo que cada quien tiene formas diferentes de actuar y de afrontar cada una de las circunstancias.

La soledad y la alegría, aunque son polos opuestos, pueden estar presentes dentro de cada persona, y desde cada una de las perspectivas puede ser afrontado desde diferentes maneras. La generación de sensaciones puede ser nueva, pero estará dentro de nosotros, y cada una de ellas está bien…


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Un recuerdo inevitable

Tengo miedo de olvidarte, no de olvidar tu existencia o tu ausencia, sino de olvidar cómo te veías y te escuchabas. Envidio a los que no te pierden de nuevo, a quienes recuerdan tus facciones y las frases que decías. A veces los oigo repetirlas y podría apostar a que se equivocan, pero soy yo la que no recuerda bien. Ahora que hay una foto tuya en cada habitación de la casa muy seguido me sorprendo a mí misma intentando reconocerte en ellas. Esperaba el regalo de tu eternidad en mi memoria, y tampoco pudo ser.


Laura Tabares.


En silencio

Ya no hablaban, tampoco lo necesitaban, ambos habían aprendido a convivir con el otro o por lo menos a no incomodarse tanto. Un día antes de salir a trabajar, como hace meses no pasaba, ella gritó adiós desde la puerta. Él desde la cama sonrió, agradecido por su valor y brevedad.


Laura Tabares.

Mi amado oxímoron

Era difícil comprenderte, no escribías nada, de tus pensamientos no hay huella. Solo vagan fantasmas de tu voz en el Jardín, Metro, Parque. Una frase dice, pero oculta más. Un día contigo era vivir una contradicción nueva, decías: “Hoy me levanté pensando en ti, no estabas, una abundancia de escasez a mi lado”. Hace siglos murmuraste: “Verte me deja ciego; cegado con la brillante luz negra de la noche”. En un instante me suspiraste: “Conversar contigo es tener minutos eternos”. Sabía que te ibas, o nunca estuviste, tu amor era una presencia ausente.

José Miguel Agudelo Á.


NUQUÍ

Desde que tenía memoria había visto llover, tanto que lo primero que sintió al nacer fue una gota de lluvia en su mejilla. Aquella tierra bendita era el pozo de una cascada que empezaba en el cielo. Sin embargo, lo que había regado la tierra recientemente era diferente, no era puro: Sangre, como la de su hijo que aún empapaba invisiblemente las escaleras de la humilde morada que compartían. Fue por eso que cuando se disponía a dar su último aliento en una hamaca, le pareció una hermosa ironía del destino que otra vez sintiera una gota en su mejilla, no de lluvia, sino de sus lágrimas.

José Miguel Agudelo Á.

Eco y Narciso pierden a su amor

Eco y Narciso presenciaron con horror la muerte de la única persona que habían amado en su vida. Fue imposible para ambos contener las lágrimas mientras Narciso caía al agua, de cara a su reflejo.

—Bien hecho —dijo Hera, la reina de los dioses.

—Bien hecho —repitió Eco, aferrándose a la idea de que asesinarlo no era tan grave como lo que su egocentrismo le había hecho a ella: romperle el corazón.

Anónimo.


La última historia

La Muerte esperaba silenciosamente cada noche a que el anciano escritor terminara su última historia para llevarlo consigo. Un día, viendo que le estaba tomando mucho tiempo, decidió preguntarle al escritor sobre qué trataba su historia.

— Sobre las frecuentes visitas de La Muerte a un anciano escritor —respondió este sin reparo.

María José Ortiz Hernández.


Mi camino entre líneas

Otra noche más en los brazos de la soledad y la oscuridad. Y asaltan preguntas de por qué en esos días más fríos pensamos en todo lo que tanto extrañamos. Y es que el efímero paso del tiempo hace que casa día sea solo un recuerdo, y la dicotomía de una vida ideal pero sumidos en sombras de lo que anhelamos, nos generan una gran incertidumbre de lo que pudo ser. Pero aquí estamos, sentados en un asiento esperando que el siguiente día sea aún mejor, y que el giro de 180 grados llegue a nosotros y nos devuelva a nuestro ser amado.

Alexandra Rincón.


¿El porqué del asunto?

Las preguntas van y vienen, así como nuestros cuerpos. Del por qué y para que, preguntas que asaltan, y es que desde ¿por que es azul el cielo hasta? ¿Cuándo nos vemos? Son preguntas que llenan de incertidumbre y una búsqueda masiva de soluciones. ¿pero por qué?

La necesidad de una respuesta es necesaria para los seres humanos, y preguntas que nos asaltan cada día, configuran una asociación a situaciones; y así como las preguntas están presentes, también quisiera estar presente en tu mente y yo ser la respuesta de tus preguntas.

Alexandra Rincón.


Cenizas

Fue ese momento cuando supo que ya no habría vuelta atrás. Todo aquello que fue dejaría de existir para siempre, y así nacería el recuerdo; una memoria subjetiva y distorsionada por el filtro de que todo tiempo pasado fue mejor. Todo aquello que estaba en frente suyo, se transformaría, no en recuerdo, sino en cenizas, en ausencia y en ese vació de que algo habitó ese espacio alguna vez, pero ahora sería como una huella de aquel pasado efímero, y de esa constante impermanencia. Así, decidió, sin mirar atrás, lanzar el fosforo sobre aquella casa en la que solo se respiraba gasolina y huir de su pasado.


María Emilia Currea.


Nota: La información expresada en este artículo no compromete la voluntad de la Universidad del Rosario ni del Periódico Enclaustrados.


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