¿Qué se esconde detrás del aumento del salario mínimo en Colombia?


Luego de un largo proceso de negociación entre gremios y sindicatos, además de la decisión del Presidente de la República, el pasado 14 de diciembre el gobierno anunció que el salario mínimo en Colombia para el año 2022 aumentará en un 10,07%; a raíz de esta decisión, se logró un “histórico” acuerdo definitivo en la mesa de concertación de políticas laborales y salariales.

Para el año 2022 el salario base será de un millón de pesos (10,07% por encima del de 2021) mientras que, el subsidio de transporte, quedará en $117.172 pesos (un aumento del 13%). En primer lugar, los criterios tenidos en cuenta para determinar el aumento del salario mínimo, son la inflación, que cierra en 5.3 por % y la productividad del país la cual cierra en 1.19 %, cifras que no se habían visto en tiempos recientes. En términos porcentuales el aumento del salario mínimo para el año 2022 está por encima de lo esperado, pero más allá de los acuerdos concretados son varias las implicaciones sociales, económicas y políticas que han sido objeto de debate y que tienen un gran impacto dentro de la sociedad colombiana.


La brecha de desigualdad en Colombia, una de las más altas del mundo, es un indicador que se ha mantenido vigente a lo largo de los años, y aun con el aumento acordado del salario mínimo el gobierno no logra mitigar efectivamente dicha problemática. Por un lado, está el fuerte incremento que ha habido en el sector de alimentos, bebidas y vestuario por razones de comercio internacional, y el incremento de insumos para la producción nacional, y por el otro, el impacto que provocará el incremento del mismo salario como uno de los factores de la producción de bienes y servicios. Por lo cual, si bien aumenta el salario de la mayoría de los trabajadores del país, el incremento acumulado del costo de vida seguirá siendo difícil de sostener y no logrará mitigar efectivamente la desigualdad que aqueja a la mayoría de las familias colombianas.

Ahora bien, el comportamiento cambiario del mercado actual, deja en evidencia una clara tendencia de devaluación de la moneda colombiana, que ha llegado a superar los 4 mil pesos con respecto al dólar, situación que en un país como Colombia que se impacta tanto con del costo de las importaciones, muestra nuevamente que, en cuanto a poder adquisitivo el aumento del salario mínimo tampoco tendrá un gran impacto en la disminución del costo de vida. Muchas han sido las comparaciones con el comportamiento que tuvo el Bolívar en Venezuela, en donde el gobierno anunció un aumento exponencial del salario mínimo mientras que, simultáneamente, su moneda se seguía devaluando debido a la inflación siendo esto un panorama completamente desalentador, pues el incremento del salario mínimo inmediatamente se veía borrado por el incremento de precios generado entre otros factores especialmente por la devaluación de su moneda.

De otra parte, hay opiniones de algunos políticos quienes se han pronunciado exigiendo que el aumento debió haberse dado entre el 17-18 por ciento. Sin embargo, es claro también, que esta decisión afectaría de manera fulminante a la mayoría de los colombianos ya que el 70% del empleo en Colombia se encuentra en las pequeñas empresas la cuales, ante un aumento de tal impacto entrarían en difíciles situaciones a la hora de mantener los empleos actuales como también en su capacidad de crear nuevos puestos de trabajo, que permitiesen incrementar su producción y productividad.

Por todo lo anterior, si bien siempre será positivo ver que se logren acuerdos que concilien los distintos puntos de vista entre diversos grupos del país, en especial en un tema de gran relevancia en Colombia como lo es el aumento del salario mínimo, no se deben pasar por alto las posibles consecuencias que se puedan derivar para el desarrollo del país. Se debe tener en cuenta que ante un posible aumento en la informalidad laboral y una brecha de desigualdad significativa, la solución radica no solo en buscar el justo incremento del salario mínimo sino en lograr también una mayor participación en la mesa de concertación de políticas laborales y salariales de los diferentes actores con el fin de proponer políticas públicas para la formalización del empleo y creación de nuevos puestos de trabajo que beneficie a todos los sectores que participan en el proceso productivo. La competencia, la formación laboral y mejores condiciones de trabajo son algunos de los aspectos a tener en cuenta dentro de esta discusión pues, al día de hoy, los trabajadores colombianos laboran más de lo que se le paga, y éstas brechas deben sin duda alguna, empezar a desaparecer.


Nota: La información expresada en este artículo no compromete la voluntad de la Universidad del Rosario ni del Periódico Enclaustrados.




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