¿Son legítimas las elecciones presidenciales en Nicaragua? Futuro incierto.

Las fuerzas de la moderación y la democracia deben, y van a prevalecer,

contra las del exterminio y la dictadura

-Benazir Bhutto


Nos encontramos inmersos en tiempos de gran incertidumbre política, tiempos decisivos para el futuro de las relaciones diplomáticas entre Estados latinoamericanos. Recientemente han transcurrido las polémicas elecciones presidenciales en Nicaragua, más exactamente el pasado domingo 7 de noviembre del 2021, las mismas en las que se le confirió la presidencia a Daniel Ortega por cuarta vez consecutiva. Dichas elecciones han desencadenado fuertes debates a nivel internacional en torno a la sujeción de poderío por parte de Ortega, sin embargo esta situación vale la pena analizarla con detenimiento.


¿Qué está pasando actualmente en Nicaragua? Recientemente tuvieron lugar las discutidas elecciones presidenciales, en las que nuevamente es reelecto Daniel Ortega partidario del Frente Sandinista de Liberación Nacional, quien se ha perpetuado en el poder desde el 10 de enero del año 2007, siendo el periodo actual su quinto mandato de gobierno. No obstante, desde que se confirmaron los resultados de su victoria en las elecciones, se ha originado gran controversia política debido al exceso de poder que está obteniendo Ortega a causa de su reelección y además, nombramiento de su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta de la república.


Ahora bien, es claro que los medios de comunicación son un instrumento valioso que permite dilucidar una realidad y que tienen como fin transferir información fundamentada en la verdad y la eticidad, en este sentido, juegan un rol importante en las sociedades contemporáneas. Por lo anterior, quedan muchas dudas al respecto de cómo se llevó a cabo el proceso de elecciones en Nicaragua: tal parece que algunos medios de comunicación a nivel internacional no tuvieron la oportunidad de conocer la realidad y transparencia del proceso de elecciones, esto debido a que el gobierno no permitió el ingresos de selectos noticieros, limitando así la libertad de prensa. Lo anterior ha generado todavía más crítica y gran incertidumbre por parte de la comunidad internacional.



¿Hubo un proceso democrático o autocrático en Nicaragua?


De “Pantomima” el presidente de Estados Unidos Joe Biden denominó la situación actual de Nicaragua, es decir, considera que ha sido una farsa el proceso electoral y que por lo tanto no se encuentra conforme con dichos resultados. Por otra parte Josep Borrell, alto funcionario de la Unión Europea, acusa de que “la situación de Nicaragua es una de las más graves que hay en este momento”. A su vez el ministro de Relaciones Exteriores de España José Manuel Albares se pronunció afirmando que “no podemos llamarlas ni elecciones, han sido una burla lo que se ha realizado en Nicaragua ha sido una burla, una burla al pueblo de Nicaragua, una burla a la comunidad internacional, y sobretodo una burla a la democracia, no ha habido ni elecciones libres, ni elecciones justas, ni elecciones competidas”. A lo que se refiere con ello el ministro de España es que no hubo lugar para la oposición en Nicaragua en las presentes elecciones. El gobierno de Daniel Ortega propuso unas elecciones independientes sin permitir la competencia. Si bien la esencia de la democracia radica en otorgarle poder y soberanía al pueblo, mediante mecanismos de participación popular como el voto, el proceso de Nicaragua fue opuesto a la democracia. Al no contar con oposición al momento de las elecciones, se frustró el principio democrático de una diversificación política que permitiera el debate y la contraposición.


La reelección como mecanismo que desvirtúa la esencia de la democracia


El 21 de octubre de 2019 la República de Colombia emitió la solicitud de opinión consultiva OC-28 a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, dicha solicitud tenía el propósito de conocer y evaluar el punto de vista de la corte. La cuestión elevada era la siguiente: ¿Es la reelección presidencial indefinida un derecho humano protegido por la Convención Americana sobre los Derechos Humanos?


La anterior pregunta es fácilmente extrapolable al caso Nicaragua con la reelección indefinida de Daniel Ortega, una situación que representaría un riesgo para los principios fundantes de la constitución centroamericana, la cual alude a que se garantizará que la soberanía recae sobre el pueblo y que predominarán los mecanismos democráticos por parte del gobierno. A su vez, dicha reelección atentaría con los derechos políticos y fundamentales, considerando que en el marco de una democracia son los derechos políticos los que propician el fortalecimiento y el pluralismo. Partiendo de la premisa anterior, la Corte IDH destacó que los derechos políticos tal como son considerados por la declaración tienen dos aspectos claramente identificables: “el derecho al ejercicio del poder y el derecho a elegir a quienes deben ejercerlo. Ello supone una concepción amplia acerca de la democracia que, como tal descansa en la soberanía del pueblo y en la cual las funciones, a través de las cuales se ejerce el poder, son desempeñadas por personas escogidas en las elecciones libres y auténticas” (Informe anual 2002, CIDH 2003a, Cap. IV párr.11).


Por último, la corte ha dicho que la Convención protege los elementos esenciales de la democracia, entre los que se encuentra el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al Estado de Derecho. Lo anterior implica que características como las de supremacía total de la rama ejecutiva, perpetuación de mandatarios y concentración de poder son propias de un sistema principalmente arbitrario, inclinándose más por una dictadura que por una democracia. Ahora bien, es posible decir que, en efecto, la reelección indefinida sí puede afectar los principios y pilares de la democracia, debido a que atenta contra los mecanismos de participación y vulnera derechos fundamentales y políticos, como lo son la libre participación política. Nicaragua queda entonces un limbo nacional e internacional, a la espera de un futuro más estable y próspero.


Nota: La información expresada en este artículo no compromete la voluntad de la Universidad del Rosario ni del Periódico Enclaustrados.

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