¿Es bueno por ser amado por los dioses?

Actualizado: 6 abr

Con un drástico cambio en la balanza del Congreso y a unos meses de las elecciones presidenciales, el país se enfrenta a un panorama de blancos y negros, donde los candidatos, partidos o figuras políticas se satanizan o endiosan entre sí. Se debate a diario sobre lo bueno, lo justo y lo ideal, pero se terminan dejando de lado las propuestas y los análisis técnicos por un facilismo de banderas verdes y rojas, en palabras de Vargas Lleras, de preguntas “chimbas”. Sin embargo, no es este ejercicio de enfrentamiento lo que se va a tratar en este texto, sino la forma en que se relacionan los votantes con este. Para esto, se hace una analogía del diálogo de Platón, Eutifrón, por la cuestión desarrollada en este: ¿algo es amado por los dioses por ser bueno o es bueno al ser amado por los dioses? Para efectos del escrito, las figuras políticas que ni necesitan ser nombradas serán equiparadas con los dioses.


El diálogo de Eutifrón y Sócrates mantiene en tensión la relación entre la divinidad de los dioses y la bondad que ha de reflejarse entre las personas. Es entonces cuando debemos pensar si en realidad se cree que todo lo que nos habla alguna figura es correcto por venir de esta o si realmente nos identificamos con sus principios. Aún así, se trata de un ejercicio que, cómo se mencionó anteriormente, no se puede realizar con base en preguntas genéricas de temas que poco o nada van a tener que ver con el trabajo del presidente que quede electo este año, como el aborto. El problema de que las personas sigan lo que predica algún referente al pie de la letra es que, fácilmente, este puede decidir que algo es bueno un día para decir lo contrario al siguiente. No puede haber omnipotencia en la política. En todo caso, al haber varios “dioses”, nunca habrá un referente único y es ahí donde Sócrates refuta la idea de Eutifrón.


Como alternativa a la respuesta de Sócrates, se propone que sea lo bueno aquello en lo que todos los dioses estarían de acuerdo. Ubicándolo en el contexto nacional, sería muy poco aquello en lo que todos estarían de acuerdo, que además suelen ser bastante obvias y poco concretas; ampliar el acceso a la educación de calidad, atacar la corrupción o buscar la paz. Es precisamente ahí donde surge la importancia de buscar criterios firmes y mínimos no negociables, recogiendo el concepto del acuerdo sobre lo fundamental de Álvaro Gómez.


Se presenta una nueva alternativa que afirma que lo divino (haciendo referencia a aquello que dicten los dioses) debe responder a lo justo. Sin embargo, no todo lo justo tiene que ver con lo divino. Así, Eutifrón reformula esta alternativa para afirmar que lo justo debe basarse en el cuidado de los dioses. Así como respondió Sócrates, los dioses, o políticos, no necesitan, dada su divinidad, de ningún beneficio que venga de parte de la gente. No se trata de una forma de satisfacerlos si quiera; la política no se basa en la satisfacción del representante. Se agudiza el conflicto cuando, sin encontrar otra salida, Eutifrón termina llegando al mismo punto del cual partió, concluyendo que no se trata de beneficiarlos sino de seguir las ideas de lo bueno por ser amado por los dioses, porque esa es la mejor forma de relacionarse con lo divino. Evidentemente, no hay forma en la cual pueda aceptarse el seguir una idea de lo bueno porque es aquello que tiene buen recibimiento por una autoridad divina.


Así, creo dar razones para discrepar en ideas con quienes se comparten principios. Dejando de lado la necesidad que considero que tiene el país de unirse por una causa mayor, traduciéndose en la necesidad de votar de forma realista, no se puede seguir con la nociva costumbre de satanizar partidos o figuras políticas que de forma facilista se tienden a rechazar.


Nota: La información expresada en este artículo no compromete la voluntad de la Universidad del Rosario ni del Periódico Enclaustrados.

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