Las preguntas alrededor de Enclaustrados

Actualizado: oct 15

Los primeros escritos, aquellos que pretenden ser fundacionales, responden a la lógica de la justificación y argumentación, son textos que proponen una hoja de ruta y las razones por las cuales esta debe ser seguida. En los inicios de todo plan, y como acto solemne, se escribe para dejar constancia del pasado, de las problemáticas del presente y de las soluciones que se darán en el futuro; las letras se convierten entonces en una parte integral de ese embarque, del hito que marca lo que será un nuevo propósito. Sin embargo, fieles a la naturaleza de este proyecto, no se podrá seguir el esquema anteriormente descrito, de este texto no extraerán afirmaciones contundentes ni promesas, solo necesarias preguntas.



En primer lugar, ¿hay espacios de debate y disenso argumentado en la universidad? La respuesta podría ser sí desde una mirada focalizada, ya que las clases en su ideal y formación deberían ser espacios de intercambio constante de ideas. No obstante, una clase, por diversos límites temáticos, horarios, espaciales, deriva en una lógica restrictiva del abanico tan amplio que es la idea universitaria. Y es por esto mismo, por la propia palabra UNIVERSIDAD, que los debates de este universo no pueden limitarse a recintos con 30 estudiantes, deben existir canales amplios y continuos de flujo de ideas.


¿Son los espacios presenciales los propicios para este intercambio que reclama la vida universitaria? La respuesta a este interrogante descansa sobre una gran incertidumbre, la de la virtualidad. La pandemia ha disminuido notoriamente la presencia estudiantil y profesoral en los espacios comunes, aquellos que habitábamos indiferentemente. Afortunadamente, gracias a los esfuerzos de toda la comunidad, es que estamos retomando la prespecialidad, aquella que posibilita una discusión en CASUR, un debate en La Estrella, unas preguntas a los pies de fray Cristóbal. Vuelven los intercambios de ideas mediados por la palabra oral, por los gestos no verbales, que son fundamentales, pero no los únicos ni los más adecuados para el propósito antes enunciado. Por la misma naturaleza de la oralidad, de carácter efímero y volátil, es que nuestros ancestros ahondaron en la búsqueda de un medio para transmitir el conocimiento y expresarlo de manera reflexiva y amplia: la escritura, que hoy en día parece haber desaparecido, puesto que existen las redes sociales.


¿Deberían ser, hoy en día, las redes sociales el medio para transmitir y dejar constancia de las ideas y los debates universitarios? Los intercambios espontáneos e interpersonales de la oralidad podrían ser trasladados a hilos de twitter o a infografías de Instagram, habría constancia del debate y se cumpliría la necesidad de universalidad, ¿quién no tiene hoy en día una cuenta digital? Pero esta solución es facilista y simple, como los debates que propician estas plataformas, aquellas en que las ideas están limitadas por caracteres y formatos, y los debates mediados por “me gustas” y encuestas. ¿Dejaremos la complejidad, el universo de ideas, el debate argumentado y las preguntas incómodas a merced de plataformas privadas y cuentas impersonales?


Este texto inició con una clara intención, la de no dar razones ni justificar la existencia de un nuevo proyecto: el del periódico estudiantil de la facultad de Jurisprudencia. Se hicieron preguntas y se plantearon problemáticas, en ningún momento se hizo alusión a Enclaustrados ni sus razones fundacionales, ¿pero no será esa la esencia de esta nueva idea universitaria? ¿la de ser un medio que proponga preguntas y problemáticas, más que respuestas, para el tan necesario debate argumentado que reclama la vida estudiantil? Quedan en el aire estos interrogantes, para que algún día una valerosa persona intente redactar una respuesta: la de la razón de ser de este periódico, Enclaustrados.


Nota: La información expresada en este artículo no compromete la voluntad de la Universidad del Rosario ni del Periódico Enclaustrados.

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