top of page

Manual de cómo no responder en una crisis

El Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario es una de las instituciones más antiguas e influyentes en la historia de lo que hoy conocemos como Colombia. Una institución educativa que por 370 años ha formado ciudadanos preparados para construir patria y consolidar un proyecto de país, que alcanzó la independencia gracias a muchos de sus egresados. Llegar a la honorable rectoría de la Universidad del Rosario es el sueño de muchos de los colombianos que han pasado por sus aulas.


Esta aspiración puede ser particularmente más fuerte para una persona formada en el gregarismo del Opus Dei (ASPAEN Gimnasio Los Cerros), que fue parte de los primeros Consejos Estudiantiles y electo como colegial de número por el rector Gustavo de Greiff Restrepo en 1992. Desde su grado como economista, Alejandro Cheyne no ha pasado un solo semestre sin estar vinculado de alguna forma a la Universidad del Rosario. Sin embargo, y a pesar de contar con una especialización en administración de empresas y un doctorado en pedagogía, exdirectivos que han trabajado con él lo caracterizan con “un nivel académico muy pobre” así como comentan que “desconoce completamente la normatividad de la educación superior”[1].


En su trayectoria académica llegó a la decanatura de la Escuela de Administración en 2015, allí encontró a la colegial recién graduada Claudia Dulce Romero, a quien contrató como profesional de relacionamiento, luego secretaria académica y finalmente coordinadora de internacionalización. Todo lo anterior pese a no tener ninguna experiencia por fuera del Rosario y con tan solo su pregrado. Alejandro llegó a la rectoría con el apoyo de Claudia, quien se llevaba bien con la cohorte electora de colegiales de número consagrada en abril de 2018.


Tras llegar a la rectoría, Cheyne creó una nueva dependencia llamada “Dirección de Proyección Social” en donde recompensó a Claudia, quien encabezó la dependencia. Desde sus oficinas en el Edificio Cabal, esta dirección rápidamente fue acumulando gran parte de las responsabilidades de la implementación de la RutaPaís, foros académicos e incluso los debates electorales de la Universidad. La Dirección de Proyección Social fue incluso quitándole personal y presupuesto a la Dirección de Desarrollo y Egresados, antiguamente dirigida por Ana María Novoa. En 2022 Alejandro despidió a Ana María y Claudia se quedó con la unión de ambas direcciones. Como comentó Pacho Caldas[2], el despido se hizo en medio de críticas a la gestión presupuestal del rector. 


Como se puede ver, Alejandro le paga bien a quienes lo apoyan. Lo mismo hizo con los 9 colegiales que le ayudaron a ganar la elección en 2018. Ojo con esta lista de colegiales contratados luego de la elección en 2018: María Alejandra Correa Barrera fue contratada como directora del Centro de Emprendimiento inmediatamente después de graduarse, hoy es coordinadora de posicionamiento internacional; Vanessa Cotes Torres fue contratada en los laboratorios de Mercadeo y Comportamiento del Consumidor; Sebastián Giraldo Luque fue contratado en el Centro de Emprendimiento que dirigía Maria Alejandra, y luego fue nombrado como director de programa de los pregrados en Administración de Negocios Internacionales y Marketing y Negocios Digitales (un programa que Cheyne mandó a crear); Juanita Hincapié Restrepo fue contratada como asesora jurídica en la Secretaría General; Natali Maldonado Pineda fue contratada por la Escuela de Administración y hoy es Jefa de Regionalización; Ana María Reyes Rozo fue contratada como profesora en la Escuela de Medicina.


Por si perdieron la cuenta, fueron seis los colegiales de la cohorte que en 2018 escogió a Cheyne contratados por la Universidad en cargos evidentemente altos. Estudiantes recién graduados, sin experiencia y sin preparación académica adicional. Estas contrataciones dan luz a los comunicados que la Universidad ha publicado en respuesta al movimiento que se ha generado en la última semana. El poder que ejerce la colegiatura fue completamente instrumentalizado por la rectoría. Este cuerpo perdió su vocación de contrapeso y, junto con la consiliatura, se encargaron de que la reelección en 2022 fuese unánime y sin candidatos alternativos.


El día de la reelección, Alejandro Cheyne lloró, abrazó a sus hijos y dió uno de sus característicos discursos con analogías de navegación y frases de cajón sobre el liderazgo. Es evidente que el puesto para él significa mucho más que un trabajo. Es precisamente por esto que se ha encargado de rodearse de personas que no cuestionan sus decisiones, aplauden todo lo que tiene por decir y asientan a todo lo que Alejandro propone. Consiliarios, colegiales y lentamente la mayoría de decanos siguen de con los ojos cerrados las instrucciones del rector.


La corrupción dentro de la colegiatura ha tenido impactos devastadores en la estructura social de nuestra institución. Por un lado, Alejandro Cheyne se ha empeñado en elegir como colegiales de número a estudiantes que han trabajado previamente con él en la implementación de sus proyectos desde los Consejos Estudiantiles. Entre las últimas dos cohortes que eligió, son 12 los colegiales que han pertenecido previamente a instancias de la representación estudiantil. Esto ha creado incentivos perversos dentro de la representación, en donde constantemente se ha visto como algunos representantes adoptan posturas de apoyo a las decisiones de la institución frente al cuestionamiento de los estudiantes, ya sea por miedo a perderlas buenas relaciones con las directivas o con ansias de llegar a la colegiatura.


Quizás el caso más visible sea el del Consejo Estudiantil de Economía y Finanzas de 2023. Luego del nombramiento del nuevo decano de la Facultad de Economía, se hicieron públicas denuncias sobre despidos injustificados de investigadores de talla internacional, irregularidades que comprometen la legitimidad de la facultad en el Job Market, así como comentarios machistas del nuevo decano en su discurso de posesión. El Consejo actuó más como intermediador que como instancia de representación. Estableció una mesa de diálogo en privado con la rectoría y organizó espacios para que los estudiantes manifestaran sus incomodidades frente al decano. No obstante, evitaron adoptar una posición clara. Finalmente, y a pesar de la presión de cientos de estudiantes, profesores y egresados, no pasó nada. Unos meses después el Consejo estaba subiendo fotos abrazados con el decano y a finales del año dos de sus miembros fueron nombrados colegiales de número: Andrés Felipe Abella Tunjano, presidente del CEFE 2023 y Natalia Carrillo Bustamante, vocal y luego secretaria del CEFE 2023.


La corrosión de la confianza y el enajenamiento de los cuerpos estudiantiles dentro de la Universidad ha llevado a que los movimientos estudiantiles en 2022 (por el aumento de las matrículas), 2023 (en la Facultad de Economía) y ahora 2024, surjan de manera espontánea y descentralizada. No hay figuras claras de liderazgo ni representación directa para dialogar con la Universidad. Los Consejos Estudiantiles quedaron relegados a intentar buscar puntos medios entre la institución y los estudiantes. La colegiatura ausente y sin el más mínimo rastro de autonomía.


Es por esto que la aparente parsimonia de los directivos en sus comunicados solo avivan más la frustración y la indignación entre la comunidad rosarista. Una revisión de la respuesta institucional deja una sensación profunda de decepción y de incertidumbre. Evidencia una institución soberbia e indiferente. Con este contexto en mente, analicemos las comunicaciones institucionales desde la primera carta:


En primer lugar, y no tan evidente, está el silencio. Siguiendo la misma recomendación que le hizo Claudia Dulce a Alejandro luego de las manifestaciones de 2022, la Universidad debe evitar legitimar los reclamos estudiantiles por encima de cualquier cosa. Desde la publicación de la primera carta abierta el 1 de abril, pasaron artículos del Espectador, denuncias en La W, cuestionamientos de grandes personalidades políticas y una convocatoria de asamblea antes del primer pronunciamiento.


En segundo lugar, el primer pronunciamiento. El 12 de abril la Universidad envió un correo masivo en donde habla de los reportes de auditoría financiera, como si dichos reportes evaluaran la sensatez de las decisiones financieras, lo único que hacen es confirmar que se presenten datos reales. Hablan del excedente neto en 2024, pero no mencionan que se debe a que no hubo aumento salarial para profesores y administrativos. Alardean sobre el número de publicaciones, y omiten que han despedido a varios de sus autores. Por último, hablan de la infraestructura proyectada, pero no explican por qué todas las obras están en pausa.


En tercer lugar, luego de regresar a Colombia para reunirse con los decanos, los consiliarios y los colegiales, el rector decide publicar un video de 10 minutos. El mensaje es ambiguo: por momentos sonríe y habla de diálogo y compromiso, pero luego levanta la voz y aprieta el puño para defenderse. Quien escribió el guión parece confundir a la Universidad del Rosario, una institución de 370 años, con Alejandro Cheyne, un economista de 55 años. Mientras el eco de sus gritos retumban en el Claustro, y contaminan el audio del micrófono, Cheyne da un mensaje de tranquilidad a los profesores que cualquier persona podría tomar por una amenaza.


Fruto de las reuniones de rectoría también salieron comunicados de decanos, colegiales y consiliarios. Los comunicados de colegiales y decanos parecen estar escritos con la misma pluma. Ambos desestiman los reclamos de la comunidad como una “campaña mediática”, así como se refugian en la historia del Rosario como justificación para apoyar a la rectoría. El comunicado de los consiliarios es más propositivo e invita a la construcción de mesas de diálogo con la rectoría para responder inquietudes de la comunidad. Desafortunadamente, el momento de responder inquietudes ya transcurrió, ahora deben afrontar las consecuencias de sus decisiones. Así finaliza este memorial de agravios.


La cantidad de apoyo al movimiento #SalvemosLaUR es sobrecogedoar. Por esto, es aún más desconsolador que no haya ninguna garantía por parte de la Universidad para los estudiantes, profesores y demás empleados que desean levantar su voz y expresar su inconformidad. También es importante reconocer a las tres decanas (Facultad de Jurisprudencia, Escuela de Ciencias Humanas y Facultad de Ciencias Naturales) que decidieron no firmar la carta de apoyo al rector. En un acto de valentía admirable, la decana Adriana Alzate Echeverri de Ciencias Humanas decidió apartarse de su cargo; acompañó el acto de protesta con un emotivo mensaje publicado la noche del domingo en su cuenta de facebook:





Nuestro rector podría aprender una o dos cosas de la grandeza de su ex-decana. De lo contrario, puede usar este artículo como un manual de cómo no responder en una crisis.


Firma,





414 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Comments


bottom of page