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Para el pueblo, pan y circo

Bastante interesante que luego de la polémica que ha levantado el hijo del presidente Gustavo Petro, Nicolás Petro, se haya enviado deportada a Aída Merlano. Muy elocuente lo sucedido, pues se vio bastante bien organizado el acto en el que la excandidata al Senado de la República llegó al país. Como era de esperarse de cualquier persona deportada, llegó con maquillaje, buena vestimenta, chaleco antibalas y hasta dio rueda de prensa. Como quien dice, no se tomó fotos y firmó autógrafos porque ya se debía ir.


De pronto, por aquellas coincidencias de la vida, se dio la increíble casualidad que su llegada al país sea en pleno año electoral, cuando el partido del presidente Petro busca ganarle la costa atlántica a la familia Char. Como también es simplemente un juego del azar, el haber llegado justo cuando a su hijo está siendo investigado por, al parecer, recibir dineros de narcotraficantes en plena carrera por la presidencia.


Eso sí, como si a este país del realismo mágico le faltara alguna historia por contar, podemos decir que por primera vez una deportada llega en avión privado de una petrolera venezolana, es recibida por la directora de la DIJIN y va, sin esposas, rumbo a la sede de la misma identidad a entregarle al país un discurso que ya tenía listo, memorizado y recalcado. Pero claro está, aún el espectáculo no estaba del todo servido, faltaba algo de misticismo, de intriga, de show mediático. Es por eso que en lugar de finalizar el discurso, se prefiere una "interrupción", haciendo que dos agentes de la policía militar se atraviesen entre las cámaras y Merlano. Eso le da el susto, deja la duda y pone a las personas en redes sociales a especular.


Tal vez, aún existe la remota posibilidad que, como dice aquel adagio colombiano "amanecerá y veremos". Eso sí, no podemos descartar que la hija de Aída Merlano, Aída Victoria, le diga a periodistas, abogados y hasta jueces, cómo deben hablar o juzgar a su mamá. Pues ella, iluminada en su inmenso conocimiento y absoluta certeza sobre todo, guía a este país. Es que al fin y al cabo Colombia es una nación que le rinde culto a una influencer que ayudó a fugar a su madre de la cárcel, que está condenada por fuga de presos y uso de menor de edad en la comisión de delitos. Pero que, además, es investigada por lavado de dinero y enriquecimiento ilícito.


Esos son los ejemplos de empoderamiento, de valentía y gallardía. Las mujeres del clan Merlano son todo un ejemplo a seguir. Definitivamente no existe nada más resiliente que cometer delitos, pero luego ir a darle juguetes a niños del Chocó y la Guajira, como si un trozo de plástico les sirviera para alimentarse, hidratarse o estudiar. Eso sí, todo debe quedar plenamente documentado. De lo contrario no serviría.


Por el momento, el país lo único que puede esperar es que Aída Merlano salga a decir esos secretos a voces sobre la compra de votos, las prebendas, el tráfico de influencias y todas las artimañas que utilizó, por las cuales debe pagar 15 años de prisión en Bogotá.


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