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Un presidente necesita colaboradores, no porristas

Se habla mucho de las últimas decisiones del presidente Gustavo Petro. Un mandatario que en ocasiones se ha dejado ver con una actitud revanchista e incluso demagógica. Este último rasgo le ha jugado en contra en diversas ocasiones a lo largo de su carrera política, pero al mismo tiempo, es lo que lo lleva a contar con cierto apoyo popular.


En tan solo ocho meses, nueve ministros han sido removidos de su cargo. Esto significa que, en promedio, cada mes se ha producido una salida de un ministro, lo que no permite que se afiancen las carteras ni que se trabaje en pro de las reformas que busca impulsar el gobierno. La pregunta que surge es: ¿por qué el presidente Petro no ha podido cohesionar a su grupo de trabajo? La respuesta es tan sencilla como compleja. La respuesta simple es que el presidente no soporta que le digan “no”. Pero al mismo tiempo, esto hace compleja la respuesta. Es increíble que el máximo mandatario de un país que necesita críticas sinceras, justas y francas en muchas ocasiones, decida tener a su lado a un grupo de seguidores.


Es importante realizar críticas constructivas a las reformas. No existe propuesta, ley o pensamiento perfecto. El propio debate enriquece a las democracias, les permite mejorar, crecer, ser plurales e ir más allá de una ideología. Sin embargo, parece que al presidente le obstina el debate. Con sus actitudes deja ver una personalidad con rasgos de superioridad y autoritarismo. En sus famosos discursos de balcón, pide aplausos y venias por donde vaya, pues de lo contrario, siente amenazado su puesto.


Este rasgo no es nuevo para quienes hemos seguido la política del presidente Gustavo Petro. En su alcaldía polémica e inconclusa en Bogotá, ya mostraba que nadie podía llevarle la contraria, pues de hacerlo era inmediatamente removido de su lugar. En poco más de un año al frente del segundo cargo más importante de la nación, ya había pedido la renuncia de 16 funcionarios. Todos con una particularidad: criticaron puntos sensibles de las ideas y proyectos que buscó imponer en la capital.


¿Qué debe pasar para que el presidente Petro se dé cuenta de que es en la diversidad de pensamientos donde encontrará que los colombianos que no votamos por él no somos sus enemigos? ¿Quiere seguir la paupérrima línea política de los gobiernos de derecha que decidieron imponer el pensamiento del enemigo interno? Son preguntas que quedan en el tintero, pero que muchas personas en la calle nos hacemos. ¿Algún día podremos ver este barco flotar?

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