Ya no queremos ser ‘junkies’ del amor.

Me considero una feminista en construcción. Hace unos meses sabía poco sobre el tema, hace un par de años no sabía nada… y lo que sé hoy, está en constante cambio y evolución. Pero, una de las cosas que más me han marcado en este recorrido, ha sido el descubrimiento de lo que algunas personas llaman la ‘deconstrucción del amor romántico’.


Y no, con esto no me refiero a ‘dejar de amar’ o dejar de ser románticas (que es lo primero que algunas personas piensan al escuchar el término). En realidad, para entenderlo correctamente, debemos mirar el amor romántico desde una nueva perspectiva y entenderlo como una construcción social; debemos ser conscientes de que, lo que sabemos sobre el amor, lo hemos aprendido de algún lado. De cosas y situaciones que probablemente han estado influenciadas por creencias patriarcales.


Lo que busca la deconstrucción del amor romántico es precisamente desprenderlo de todo aquello que nos hace daño a las mujeres. Liberarlo de esas prácticas y opiniones naturalizadas que tienen un tinte machista difícil de identificar. Por eso, desromantizar el amor es entender que una relación de pareja no debería seguir el ideal Disney – Hollywood, en el que las princesas (mujeres) luchan y hacen sacrificios por encontrar su tan anhelado ‘amor verdadero’, ese príncipe (hombre) que las salvará de todos los males y les proporcionará, finalmente, la felicidad absoluta.


¿De verdad queremos pensar que nuestra felicidad depende de otra persona?, ¿o que solo estaremos ‘completas’ cuando encontremos al ‘amor de nuestras vidas’, nuestra media naranja? Yo creo que no. Creo que nos estamos dando cuenta de que somos las dueñas de nuestra felicidad, que estamos completas, así como somos, y que ponernos en la posición de dependencia y sumisión en la que están algunas de las princesas de Disney nos hace daño. Cada vez somos más conscientes de que no tenemos que sufrir por amor. Que estar en una relación no debería implicar aguantar, hacer entregas excesivas, sacrificarnos, pretender que los celos son una buena señal y esperar que nuestra pareja sea quien deba cuidarnos y protegernos.


Si estamos empezando a pensar así, ha sido porque el feminismo nos ha invitado a dejar de idealizar el amor. Y creo que, al hacerlo, estamos viviendo una revolución desde lo sentimental. Nos pusimos en la tarea de aprender a amar sin que nos consumiera el deseo de un amor salvador, buscando un compañero que nos respete y nos de un cariño recíproco. Nos pusimos en la tarea de dejar de ser esas junkies – adictas al amor – que tanto le convenía a la sociedad que fuéramos.


Ahora queremos (y podemos) amar desde una posición de igualdad. No queremos que nuestras relaciones de pareja sean las más importantes. Queremos que nuestras amistades y relaciones familiares tengan tanto valor como las ‘románticas’. Queremos poder trabajar en equipo con nuestras parejas, tener una buena comunicación, responsabilidad afectiva, honestidad y poder fijar límites y acuerdos.


A fin de cuentas, queremos amores en los que seamos nosotras mismas y nos sintamos libres. Por eso, cuestionamos, deconstruimos y re-aprendemos el amor romántico.


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