RELATOS DE UNA MENTE EN CRISIS

Lloró la primera vez que le contaron sobre lo sucedido, él no lo conocía pero lo había escuchado hasta el hartar. Él conocía de sus versos, de sus poemas hechos música, de su mito del bar. De cómo su olor a vino impregnaba el lugar, y su voz, raspada por los años, que cantaba con una alegría melancólica las amarguras que le había prestado la vida. De su ciudad nunca fue hijo, y del mundo fue exiliado, la calle lo arropó, su casa nunca existió. Contaban que con el tiempo dejó de fumar, bebía poco, cantaba y leía más. Al final de sus días ya pocas de sus canciones recordaba, sin embargo cantaba dulcemente esa canción que nunca llegó a olvidar; del niño y la música, del amor y el perdonar, de la vida y la muerte, y el azar de llegar a un final.


Soñó una vez con el viento

el niño que el sonajero tocaba.

Su pelo frágil soplaba

como flauta dulce.


Y aquella noche de tormenta

el rayo meció la cuna.

Suena lejos la laguna,

que arrulla al niño de nuevo.


Silbó el niño primero

antes de nombrar al padre.

Cantaba versos de alambre,

su madre la luna llena.


Y rozó su dedo la daga

entonces pegó un brinco.

De su boca salió un grito

Y así descubrió su voz


Y el niño creció con el fuego

tocando tambores de brasas.

Bailaba bajo las faldas,

de una novia gitana.


Serenatas tocó a las estrellas,

ninguna acudió a su llamada.

Quedó esperando su amada,

al hijo que nunca llegó.


Murió al nacer su hijo,

muerto en brazos de madre.

Madre murió de locura,

y por primera vez lloró.


Y entonces cerró la taberna,

y él dentro se quedó.

Saqueó su corazón destrozado.

Quemó cada habitación.


Y el niño cambió de letargo,

él nunca jamás amó.

Sonrisas mezcladas con humo,

risas de desesperación.


La vida pasó muy rápido,

más él siempre se quedó.

Arrugas fueron saliendo,

su corazón nunca se secó.


Escribió versos hermosos,

escribió de la resurrección.

Hoy escribe a pesar de que muere,

a su amada gitana vió hoy.


Hoy apuesta sus versos al póquer,

a cambio de un cigarrillo.

Se lo fuma afanado el poeta,

y escribe con sus cenizas:


Quien fuera demente para amarte

Quien fuera suicida y querete

Quién fuera tu amante y tu odio

Quien fuera alegre sin ti.

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